martes, 30 de agosto de 2011

Una noche a solas.

Parecido al cielo,
tus ojos me cantan un jazz
al despertar abrazada
a tu omnipresencia amarilla.
Tus manos dibujan un blues
en mi rostro
que pareciera dormir,
cantando letras
al revés.
Mi corazón baila
al ritmo de tu música
que me pinta
un compás
con olor a nieve,
que te retiene a mi lado.

Soy un vicio más.

Lo complicado, creo yo, es evitar enojarse. A veces uno no quiere enojarse, pero se enoja. Y se enoja por otra cosa, y no puede explicarlo y entonces nada tiene sentido. Claro, volveremos a ser quienes no se enojan porque ya no nos importará. Y ese es el camino fácil, el camino delicioso, el camino con sol y con luna. Por qué no? Si nos encanta ser así, nos encanta sentir el poder en nuestras manos, especialmente en nuestras manos. Pero por qué querríamos eso? Si va a venir alguien siempre a sacarnos de ese lugar, como si fuesemos drogadictos con una urgente necesidad de rehabilitación. Y vamos a extrañar todo eso, recorrer el arcoiris caminando, corriendo, deslizándonos, dando vueltas, dando saltos. Ahora nos resignamos a seguir la corriente, intentar ver de ir un poquito más allá y acercarnos un poco al pasado como premio por haber avanzando en la difícil tarea de la rehabilitación de formas de vida. Qué carajo les importa? Por qué nos tienen que sacar de la matriz e introducir en este ladrillo de cristal? Tal vez estoy algo recorosa, lo voy a admitir. Pero a veces es difícil no enojarse, como decía al principio...Y después pasa todo eso que dije después y de repente un día pa! te das cuenta que te importa, que la rehabilitación fue divertida, que te sentís bien y que te van a arruinar la vida. Te van a levantar por los aires y cuando creas que estás llegando al cielo, te van a dejar caer. Porque les gusta o porque no se dan cuenta, todavía no sé bien. Es un poco enfermizo, o no? Pero nos sentimos en deuda por ex drogadictos y cerramos la boca, sonreímos y nos olvidamos. Y la rehabilitación fue tan buena, que nos olvidamos de verdad.

Paréntesis.

Vamos a evitar el beso,
jugamos.
Sonreímos un rato
y la mano en la cara.
Te agarro,
fuerte te agarro.
Se deslizan los dedos
entre tus pechos.
Reímos un rato,
nos miramos fijo.
Me sonríe en el intercambio.
Vamos, dale,
la tomé de las manos.
Luego el viaje,
y el final,
y risas.
Vamos, dale,
que el brazo está muy abajo.
Te doy un beso,
a veces dos o tres mas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Quisiera verte algún día.

Me exageras el sueño
entre palabras cortadas,
entre miradas dormidas,
entre sonrisas salinas.
Pequeña,
me besas
como el reflejo de la luna
al agua,
y como el agua
a las orillas.
Sonríes a medias
y sonríes completa,
con los ojos un poco cerrados
del beso,
y un poco abiertos
de la sonrisa.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Feliz de a ratos.

A veces me desvelo pensando, y de vez en vez duermo mucho por no pensar.
Ocasionalmente tengo miedo de tratar y rara vez hablo de más sin saber qué decir.
Más de una vez he dormido entre tus brazos, y ya no puedo contar las que lo he necesitado.
Algunas noches estoy cansada y no puedo dormir, y otras noches te quiero esperar y mis ojos le juegan una carrera al sueño.
Algunos días te quiero abrazar, y se esfuma tu imagen entre mis brazos; y otros días te paras delante y mis brazos no se atreven a aferrarse.
A veces siento que ya no puedo más, y soy feliz de a ratos.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Strike.

Si mis piernas hablaran,
que ya no son capaces
como dentro de tus ojos.
Si mis manos besaran,
que ya no tienen intención
como dentro de tu boca.
Si mis dientes supieran
cuál es el vicio ácido de tus pies
y las sombras ya desaparecieran
como cuando aún existías.
Si empezara nuevamente
un ciclo en tu cintura,
donde los sueños guerreros
ya no lucharan
contra los vientos y las hojas...
Sólo de esa forma
tu vientre me sostendrá,
y sobreviviré
el exilio de tu corazón.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Huracanes.

En los murmullos de la luna
hay escondido un vals.
La noche se refugia en el consuelo
del sol que llegará
y la brisa mendiga por las tierras
y las flores sin parar.
Un remolino de sales
ahoga las aguas de un lago gris
tocado por la plenitud.